Soñar entre hermanos: Luz Mery, Cristóbal y Norberto

Cerca de un cultivo de cacao y un jardín de heliconias está construida una casa de madera, rodeada de perros, gatos, pavos y gallinas. Su dueña, Luz Mery González, es la hermana de Norberto y Cristóbal; estos tres hermanos, que viven en el occidente de Boyacá, hoy confían en el ecoturismo comunitario como un medio de vida.

Luz Mery es la mayor de los tres, tiene 55 años. A los 18 años tuvo que irse a Bogotá por desplazamiento, a causa de las tensiones y violencias que atravesaban su territorio a finales de siglo. Allí vivió durante más de treinta años, siempre con la idea de regresar a Otanche. Desde hace algunos años logró volver y, en una tierra que le había dejado su padre en la Vereda Altazor, construyó su casa con sus propias manos, con las mismas con las que teje canasticos de iraca y de plástico, siembra cacao y pinta las cacaoteras con dibujos de pájaros de la Serranía de las Quinchas. Luz Mery es una artesana, campesina, cocinera, arquitecta empírica: sus manos saben recrear la magia del mundo.

Cristóbal tiene 45 años, conocedor de los oficios de la finca desde niño ―como él mismo dice―, le ha dedicado toda su vida a las labores del campo. Hoy se dedica principalmente al cultivo de cacao. Sabe de clones de cacao y sus características, habla de los aromas y de los sabores con alegría y desenvolvimiento y de la importancia de aprovechar todas las partes de la planta. No hay carretera hasta su finca, se debe caminar 1 hora entre el monte para llegar, desde luego no hay electricidad; solo Cristóbal, los cacaos y la inmensa biodiversidad que lo rodea. Sueña con que su casa se vuelva un lugar para turistas y hacer degustaciones de los cacaos que cultiva. Cuenta que en los años 90 la economía se centró en la explotación de madera hasta que llegaron los cultivos de coca; él aserró madera y luego sembró coca, “economías pasajeras” ―como él las nombra―, que nunca dejaron ingresos a largo plazo, solo monte tumbado. A mediados de 2015 llegó el cacao que, “cuando uno lo tiene bien tenidito es un cultivo muy agradecido”. Luego llegaría la idea de hacer turismo. Amable, sonriente y elocuente, Cristóbal es la síntesis de lo que ha vivido su territorio. Ahora encuentra en el cacao agroecológico, la conservación y el ecoturismo una oportunidad más duradera.

Norberto es el más joven de los tres. Con un recorrido similar al de su hermano mayor, hoy Norberto es uno de los participantes más activos del proyecto de turismo. Se está entrenando para ser guía y se refiere a sí mismo como “guía en biodiversidad”, conocedor de los árboles por su antiguo oficio como aserrador, hoy se dedica a hablar de los árboles, de “sus formas, de sus comportamientos, si son alimento para alguna especie”. Antiguo cazador, conoce el monte, sus caminos, sus animales, su misterio y dice que “a uno como campesino lo que le hace falta es el certificado”. Ahora está muy interesado en las aves, sabe nombrar varias y quisiera tener una cámara y unos binoculares para pajarear. También le gustan los deportes extremos y habla con entusiasmo del turismo comunitario porque ve una oportunidad para que se beneficien muchos, no solo él. Norberto es un espíritu joven que trae impulso a la comunidad y nos recuerda el valor de conocer el monte y todos sus habitantes.

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